volviendo a los principios
La bonanza económica está trayendo una importante relajación sobre cómo producimos y cómo prestamos servicios. Desde hace un tiempo a esta parte, nuestra experiencia en relación a las empresas con las que hemos realizado contrataciones ha dejado, como mínimo, mucho que desear. En ocasiones ha sido, simplemente, desesperante. Existen mil excusas para justificarlo: falta de mano de obra, dependencia de terceros, acumulación de pedidos… En realidad es la nula autocrítica, la escasez de controles y la falsa seguridad de que otro cliente llegará las que propician esta situación. En muchas ocasiones este discurso parte de la propia dirección (por lo que rápidamente se contagia a toda la organización) y se acompaña de la lucha del comercial contra su propia empresa con la finalidad de mantener la fidelidad del cliente.
Es necesario que volvamos a los orígenes del márketing. Que antes de plantearnos campañas online, bechmarkings, branding y demás términos anglosajones, analicemos con qué ilusión se trabaja, qué servicio se presta, cómo se trata al cliente, qué consciencia existe en la organización sobre la importancia del trabajo bien hecho.
La orientación al cliente empieza cumpliendo con los compromisos adquiridos.
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