Marketing lateral (1)
Entre las muchas frases célebres que nos brindó el talento de Albert Einstein se encuentra la siguiente, “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.” El marketing lateral se basa en este principio, justo ésta es su esencia.
El marketing lateral recibe su nombre del termino “pensamiento lateral”. Uno de los autores que se ha encargado del estudio de este tema es Edward de Bono, nos presenta el pensamiento lateral como un tipo de pensamiento, opuesto al pensamiento lógico o pensamiento vertical. Cuando nuestro cerebro debe enfrentarse a un problema, habitualmente lo hace desde un punto de vista racional, seleccionando la mejor respuesta en base a los conocimientos que hemos aprendido, la información histórica de que disponemos, siguiendo un planteamiento hipotético y deductivo, empleando la lógica. Aunque de esta manera podemos llegar a muy buenas soluciones, estamos de algún modo cerrándonos a respuestas o posibilidades que quedan fuera de este esquema estructurado y limitado. El pensamiento lateral deja la puerta abierta a otras opciones aparentemente absurdas o ilógicas para nuestro cerebro.
Veamos un ejemplo, tomemos por caso a enfermos que dependen de una medicación para mantenerse saludables, y que si dejan de tomarla pueden sufrir consecuencias graves, añadamos a esto que estamos tratando con pacientes olvidadizos, que podrían dejar de tomar las dosis necesarias por despiste. Nuestro pensamiento lógico nos conduciría a soluciones del tipo: creemos un sistema de sms que alerte al paciente de que es la hora de su medicina, un servicio telefónico del centro de salud que recuerde al paciente su ingesta, un cuidador, enfermero o familiar que se responsabilice de facilitar la medicación al enfermo… soluciones de este tipo estarían amparadas en un modelo de pensamiento vertical, pero hay otras soluciones, ¿Porque no plantearnos que la solución no sea avisar al enfermo, sino que por ejemplo sea el cuerpo del enfermo el que se encargue de avisarlo? – “Es la hora, necesitas 100mlgr de tu medicamento”- dijo el cuerpo a su propietario ¡Vaya solución! ¡Que locura! En apariencia, sólo en apariencia, porque amparándose en esta rocambolesca suposición ya se han desarrollado dosificadores de medicamentos que se implantan en el cuerpo del paciente, desde parches anticonceptivos que liberan sus principios activos en el torrente circulatorio en las dosis necesarias, a otros dispositivos aún más sofisticados.
“Si se toma un conjunto de cubitos de juguete y se los coloca uno encima de otro de modo que cada cubito descanse firme y totalmente sobre el de abajo, se tendrá una ilustración del pensamiento vertical. En el pensamiento lateral los cubitos están desparramados. Pueden estar conectados débilmente entre sí o no estarlo de ninguna manera. Pero el modelo que posiblemente surja tal vez sea tan útil como el otro” E. d Bono
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